Pedir Perdón y la "Clase Privilegiada"


Eran las 20:05, en poco rato se iba a oscurecer, yo estaba por Irarrazabal, trabajando. Sólo en auto me demoro 45 minutos en llegar a mi casa, caminando son 2 horas (cerraron el metro), el toque de queda empezaba a las 22:00. Mi familia estaba preocupada y yo ya llevaba 70 minutos caminando.

Como sea. Cuando logré llegar a mi casa, estaba cansada. Había trabajado con cajas pesadas, armando pedidos de feria para personas que no han podido salir a comprar. Había caminado más de una hr. antes de encontrarme con mi papá e ir a casa… Estaba cansada.

Prendí la tele porque quería ver alguna película, algo liviano, pero me encontré con la intervención de Nicolás Cruz Correa, fundador y colaborador de diversas fundaciones de carácter social. Parecía alguien muy normal, un hombre joven, ABC1, que luego de estudiar había decidido aportar a las personas más vulnerables, lo que creo que es genial. Me gusta cuando alguien que ha tenido oportunidades de crecer les enseña a otros a poder lograrlo o que invente cosas para que puedan hacerlo y tener una vida mejor. Me encanta!

Pero en dos segundos todo cambió. Su cara, su postura, el tono de su voz. Nicolás se inclinó y puso su mano en el pecho: “YO PIDO PERDÓN! Pido perdón por pertenecer a la clase privilegiada de este país y creo que todos deberíamos partir por pedir perdón”.

PERDÓN?! Pero de qué estás hablando?! De dónde nació toda esta rabia y resentimiento desde el que me estás hablando ahora?!” Porque sí, todo en él había cambiado. Y todo en mí también.

Nicolás Correa quiere que yo pida perdón por pertenecer a la clase “privilegiada” y eso no lo voy a hacer, por varias razones (lógicas, del significado de las palabras, ancestrológicas y de responsabilidades). 

Primero te pondré en contexto:

Yo pertenezco a la “clase privilegiada” (punto 2, más abajo) por que mis abuelos trabajaron para sacar adelante a sus familias, para hacer de sus hijos e hijas profesionales universitarios.

En la casa de mis abuelos no sobraba la plata. Mi abuela materna se hizo cargo de sus 3 hijos y de 3 de sus primos. Ella era profesora normal (no universitaria), su marido un minero como cualquier minero de los ´40 o ´60… la plata no sobraba. Aprendieron a ahorrar, mi abuela hacía ropa y mi abuelo otros trabajos; gastaban en las cosas necesarias, uno que otro gustito, pero nada estrafalario.

Mis abuelos paternos tampoco eran tremendos millonarios, mi abuela había trabajado como secretaria (contraviniendo a su padre, porque “las señoritas no trabajan”) y mi abuelo venía de una familia comerciante, inmigrante, que había conseguido ingresar a la Escuela de Aviación. Criaron 3 hijos, los billetes no crecían en los árboles.

Mis padres, un aviador y una enfermera, los primeros universitarios de sus familias. Ellos estudiaron, tomaron sus propias decisiones en base a lo aprendido y a lo que creían correcto. Gracias a su esfuerzo personal y al escalón donde mis abuelos los ayudaron a avanzar es que están donde están.

Los he visto ahorrar y privarse de cosas, así fue nuestro primer viaje al extranjero. Mi mamá siempre lo dice, “ese año no me compré ni un solo calzón, ni uno!”. Ahorró en todo lo que pudo jaja! Calzones, helados, guardando las monedas del vuelto… y no sólo ella, cuando nosotros pedíamos algo mi mamá preguntaba si realmente lo necesitábamos o lo queríamos.

Ellos me han enseñado a no comprar al crédito: Si no tengo plata, no se compra, así de simple. Esto significó que tuve que esperar un año antes de inscribirme al diplomado de reiki que quería tomar y todo porque no tenía el dinero. 

Ellos me enseñaron a hacer presupuesto: Simple, qué necesitas y cuánto tienes. Mi primer mes de universidad (soy periodista) anoté todos mis gastos y así establecí cuanto necesitaba a la semana para fotocopias, pasaje de micro y comer algo si me daba hambre, $5.000 pesos. Siempre me sobraba y eso lo pasaba para la semana siguiente, sólo les pedía a mis papás lo necesario para completar los $5.000, no más.

Me enseñaron a ahorrar y establecer metas: Cuando trabajé durante la universidad, no tenía banco, pero eso no me detuvo para investigar y tomar un depósito a plazo en el banco de una multitienda sin necesidad de abrir una cuenta. Con él me fui de viaje con mis primas, mi primer viaje, pagado por mí, por mi trabajo y mi ahorro.

Y qué es el ahorro si no el privarte voluntariamente de comprarte todo lo que quieres y de gastarte toda la plata de una sola vez.

Pero es el ahorro el que me ha permitido viajar, estudiar y ser más y mejor, profesional y personalmente. A estas alturas ya sabes que estudié dos carreras y que he tomado cursos de medicina holística como reiki y ancestrología.

Es gracias a ese ahorro que hoy tengo mi departamento y he podido sobrevivir durante mi cesantía (sí, sigo cesante). No es nuevo, no es grande, no es en el barrio donde siempre he vivido, me llega todo el ruido de la avenida y sinceramente no me transmite ni una vibra de nada (a lo Marie Kondo), ni de nuevo ni de perfecto ni de antiguo tipo vintage con clase como el edificio de departamentos, rosa y antiguo que queda en Pedro de Valdivia y donde siempre he querido vivir, pero bueh… es lo que me alcanzaba con mi ahorro y está bien. Todos los meses le sacaba un poquito a mi sueldo y lo ponía en un ahorro para la vivienda, todos los meses desde el 2012. En febrero de 2019, el departamentito quedó inscrito a mi nombre, una meta cumplida… peeeeero como estoy cesante, no tengo plata para vivir en él y tuve que arrendarlo y vivir con mis papás, ñe jajajajaja!

Como ves, querer progresar está en mi sangre, es cosa de ver de donde vengo y lo mucho que todos en mi familia hemos avanzado desde nuestra realidad, nuestras posibilidades y decisiones.

En resumen:
Sí, pertenezco a la “clase privilegiada” de este país gracias al conjunto de circunstancias y decisiones que han tomado  mis padres, mis abuelos, mis bisabuelos y podría seguir más atrás si manejara un poco más de información sobre sus vidas, pero no la tengo.

Ahora sí, porqué no voy a pedir perdón por formar parte de la clase privilegiada:

      
      1. Pedir perdón:

Uno pide perdón cuando ha hecho algo malo, hay una ofensa, un error; me siento avergonzada, arrepentida y culpable.

¿Que pretende Nicolás Correa? Es que mis abuelos han hecho algo malo? Es que mis papás han robado? Es acaso que yo he obtenido lo que tengo a punta de engaños y sin trabajar? No.

Y por lo mismo, no puedo avergonzarme de su trabajo y esfuerzo, tampoco del mío.

No puedo sentirme culpable de mis comodidades o experiencias, porque me las he ganado. Al principio me las daban mis padres con su trabajo, hoy puedo dármelas yo con mi trabajo.

Así que, en vista de que yo no he hecho nada MALO (de maldad), que ni mis padres ni mis abuelos han hecho algo infame o despreciable… no tengo motivos para sentirme avergonzada o arrepentida o culpable. Pedir perdón no tiene sentido si no has cometido una falta.

Toda la reflexión anterior viene desde la LÓGICA y el significado de las palabras. Ahora te hablaré desde lo aprendido en ANCESTROLOGÍA.

Tu estás donde estás por la historia de tu árbol, por las decisiones y acciones de tus antepasados, sus contratos y sus deudas, y debes honrarlos, porque gracias a ellos eres lo que eres. Desde ahí, de ti depende lo que decides hacer de tu existencia en la tierra, si quieres ser mejor, peor o quedarte en el mismo nivel, en esa zona de confort en la que llegaste al nacer.

Por lo tanto, no faltaré el respeto a mis ancestros, avergonzándome de su trabajo y sacrificio. Gracias a mis ancestros hoy estoy aquí. Negarlos significa cortar la energía y la vida, y yo soy solo una hoja en una larga ramita. Si corto mi árbol, me estoy matando.

Por otro lado, hablemos de RESPONSABILIDADES.

Cuando yo nací, lo hice en el escalón de mis padres, que está más arriba que el de mis abuelos.

Si subir escalones (con esfuerzo y trabajo) es un PECADO, ok, pediré perdón cuando yo suba mí escalón… no voy a pedir perdón por el escalón que mis papás o mis abuelos subieron.

Uno pide perdón por sus acciones o inacciones. Tu pides perdón por tus errores, los tuyos! No por los de otro! Tu te haces responsable por la maldad que tu cometiste, no por la de otro. No corresponde cargar con mochilas que no son propias.

Ejemplo: Supongamos que mi mamá es super mala, perversa y sociópata… y mi mamá mata a alguien inocente. Yo puedo sentir lastima y pena y rabia, y puedo decir lo siento, desearía que esto no hubiese pasado, que ella no lo hubiese hecho”, pero no pedir perdón. Es mi mamá quien debe reconocer su error, arrepentirse y avergonzarse, es su actuar el que debe ser perdonado, es ella quien ha cometido la falta, no yo. Se entiende?

Entonces, volvamos a la suposición en la cual subir escalones (con trabajo y esfuerzo) es algo malo. Yo aún me encuentro en el escalón de mis papás, aún no subo mi escalón, así que no tengo nada por lo cual pedir perdón. Yo nací aquí, nací en este escalón, así que el error sería de mis papás.

SIENTO QUE DEBO HACER LA ACLARACIÓN: 
NO ES UN PECADO SUBIR ESCALONES Y ESTAR MEJOR QUE TUS PAPÁS Y QUE TUS ABUELOS Y BISABUELOS. NO ES PECADO AVANZAR EN LA VIDA, NO MIENTRAS LO HAGAS DE FORMA HONRADA. PEDIR PERDÓN POR LOS FRUTOS DE TU TRABAJO Y ESFUERZO NO CORRESPONDE. AVERGONZARTE Y SENTIRTE CULPABLE DE TUS LOGROS ES DESTRUIR EL ESPÍRITU DE SUPERACIÓN INNATO EN TODO SER HUMANO. ES DESTRUIR CUALQUIER FUENTE DE ORGULLO, AMOR Y GRATITUD HACÍA TI MISMO.

            2. "Clase privilegiada"


Sí, lo pongo entre comillas porque Nicolás Correa plantea que por pertenecer a esta "clase privilegiada" a mí me han regalado las cosas y no es así.

A mi no me regalaron mi departamento, trabajé y ahorré para tenerlo.

A mis papás no les regalaron la casa en la que viven, trabajaron y ahorraron toda su vida para poder comprarla. Y lo mismo pasa con mis abuelos.

Todo lo que tengo me lo he ganado, todo lo que he hecho lo he pagado con mi trabajo. Las únicas cosas regaladas en mi vida son los regalos de navidad y cumpleaños.

Incluso la salud y la educación, en cuanto empecé a trabajar, las pagué con mi trabajo. Para el curso de fotografía que tomé, hice un trabajo freelance, me pagaron y con eso me inscribí. Cuando me esguince la rodilla y el tobillo, la urgencia la pagué con el dinero de la polla* que había juntado durante todo el año. Obvio que ese dinero lo quería para otra cosa, pero nada que hacer.

A mi no me han regalado nada, así que de “privilegiada” poco tengo.


Por lo tanto y al final de todo.

No me siento AVERGONZADA de mis ancestros, ni de su trabajo ni de sus errores. No me siento CULPABLE del escalón en el que nací, porque es fruto del trabajo de mis padres, de su esfuerzo y su tiempo. No puedo ARREPENTIRME si no he hecho nada malo. Lo que tengo, lo que he conseguido y las experiencias que he tenido no se las he robado a nadie, no las he ganado a punta de engaños o ilegalidades, me las he ganado con mi trabajo, invirtiendo mi tiempo. Así que, sin vergüenza, sin culpa, arrepentimiento o falta cometida, no hay causa que obligue a pedir perdón por pertenecer a la “clase privilegiada”.

Nicolás Correa, si tú te avergüenzas de tus orígenes y del trabajo de tus padres, si te sientes culpable porque consideras que le robaste algo a alguien, si estás arrepentido… tu puedes pedir perdón.



*Para mis amigos extranjeros
La Polla: es un tipo de ahorro informal y basado en la confianza. Por ejemplo: Juntas a tus amigos, con los que juegas fútbol el domingo, y todos acuerdan poner $10.000 pesos al mes. Son 12 jugadores, el año tiene 12 meses, a cada uno le corresponde recibir $120.000 al mes. Y así sucesivamente hasta que acabe el año y todos tus amigos hayan recibido el dinero en el mes que han acordado para cada uno.

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